8 de junio de 2013

Despertar

“ Y una vez soñé con un mundo o alguien de un mundo soñó conmigo…”

Una vez soñé ser una persona que no quería ser, soñé con un mundo lleno de sensaciones que se guardaron hasta lo más profundo de mi ser, soñé con emociones que jamás pensé encontrar en esta tierra, y los recuerdos permanecen nítidos en alguna parte de mi cabeza llena de enredos que ahora me es imposible comprender; sin embargo ahora mismo me empiezo a preguntar ¿si aquellas imágenes en realidad fueron un sueño?

¡Despierta!; se repite una y otra vez, incluso me atrevo a ordenar ¡Levántate! Pero el cuerpo no comprende las razones por las que me debo de quedar, torpe por naturaleza, duele y sufre. Soy lo suficientemente engreída como para pensar que soy tan especial que hoy debería quedarme, que debería permanecer aquí, ¿por qué razón? ¿Cuál motivo?; como debería llamársele a eso ¿presunción? ¿Egoísmo? ¿Amor? ¿Fortaleza? ¿Cuál es la palabra?

Hay una fragancia que ha impregnado todos esos recuerdos con el desdén de la nostalgia más melancólica para la que todavía no encuentro suspiro que los haga escapar desde lo profundo de mi mente, ni desde lo complicado de mi corazón. Después de todo este tiempo aún no logró conseguir un mapa que me diga que camino debería seguir, sin embargo sigo caminando por este mismo lugar, ¿desde cuándo? Lo he olvidado, hace meses, semanas, o tal vez solo fue ayer cuando comencé, únicamente que cada vez recorro una parte diferente sin ser capaz de llegar al final. Extendiendo mis brazos hacia ese profundo celeste con melódico viento que tintinea en cada una de las hojas de los árboles, susurrando con risueñas ráfagas todos esos secretos que se ha robado de los recuerdos. Ahora el sol resplandece tan alto que como si fuera la escena de algún libro; la escena palidece y se disuelve, dulce perfección del embeleso más profundo. Ameno silencio de un atardecer de invierno. Absorbiendo todos mis latidos con su presencia, guardando cada uno de mis pensamientos, olvidando todo lo que hay que recordar, teniendo un dulce anhelo que hiere, una agridulce sensación, al fin ahí estaba; había llegado. Sentada, en la banca de aquél parque lo vi venir a lo lejos, turbando cada una de mis intenciones. Admire ansiosa su insolente andar...

4 de junio de 2013

Vuelo

Un pájaro que surca los cielos y su graznido resuena hasta que choca con el concreto de esa ciudad que crece hasta casi rozar las nubes. Y el ave aletea con más fuerza para llegar a aquél sitio donde se abre un espacio para escapar, vuela contra el viento y cruza frente al amanecer.
Mirando siempre ese intenso cielo azul mientras mi aliento se congela y mis mejillas se sonrojan pues el frío viento sopla fuertemente, de esta manera siempre esperando a que esa sensación regrese, siempre esperando a que esa sensación me salve de este sufrimiento, siempre esperando que esa sensación me lleve lejos, muy lejos a un lugar donde toda esta melancolía no pueda llegar. 
Miro el cielo, miro las nubes recorrer esa interminable extensión, intocable, libre, fría, solitaria, que se extiende sobre mis ojos y no puedo pensar en nada más y poco a poco dejó de suspirar y de sentir todo lo que hay que sentir. Y entonces ya no habrá más lagrimas, pero tampoco más sonrisas, ni tristeza, ni felicidad, ni esos ojos llenos de ternura, ni esos ojos llenos de angustia, ya no habrá nada.
Mira ese infinito cielo, mira esa ave, extiende sus alas y emprende el vuelo; y es capaz de volar tan alto como quiera y tan lejos como desee, mira toda esa libertad, es tanta que casi puedo sentir como roza las yemas de mi dedos, casi puedo deleitarme con su sabor, casi puedo sentir como me envuelve. Pero que sueño tan absurdo he tenido, pero que deseo tan triste he sentido, mirar el cielo no traerá nunca esa libertad a menos que sea capaz de buscarla, pero mi alma se niega aun a desaparecer porque todavía es débil y vulnerable; y se aferra a su condena.